Julio Burdman - Dir. Observatorio Electoral Latinoamericano

El apoyo del presidente Obama al matrimonio entre personas de un mismo sexo no parece contradictorio con otros valores moderadamente liberales que viene pregonando desde el inicio de su carrera política. Descendiente de africanos y partidario de la inclusión social y la igualdad de oportunidades, Obama llegó al poder con la promesa de una sociedad post-racial y culturalmente diversa. El matrimonio homosexual forma parte de esta agenda política y social, que reconoce que los diferentes modos de vida existentes deben ser aceptados por el Estado, y en consecuencia asume que la definición de familia ya no es homogénea.

Hay, sin embargo, una dimensión electoralista en su declaración que no podemos obviar. No parece casual que el presidente, aunque haya albergado desde antes una simpatía por la causa de la reforma de la ley de matrimonio, haya lanzado esta propuesta a cinco meses de las elecciones de noviembre, en las que buscará su reelección. Detrás de toda gran decisión política conviven las identidades con las razones coyunturales. En esta caso, la razón coyuntural es el temor al surgimiento de un tercer candidato que arrebate a Obama la elección.

En fuga

Las encuestas muestran una competencia cabeza a cabeza entre Obama y Romney, superando cada uno de ellos el 40% de las preferencias.

Sin embargo, las condiciones para que un tercer candidato arañe algunos puntos porcentuales y modifique los pronósticos de una elección polarizada están planteadas. Tras la crisis económica y la prolongación de la guerra, el votante estadounidense está más descontento con el rumbo del país que en otras elecciones, como muestran las encuestas de imagen de las instituciones que realiza Gallup. Esto favorece las chances de crecimiento de cualquier candidato desafiante del bipartidismo.

Ya sucedió con Ross Perot, que como candidato conservador independiente obtuvo en 1992 un inesperado 19% y arruinó la reelección de George Bush padre, y con Ralph Nader, que como candidato del Partido Verde obtuvo en 2000 el 2,7% y fue una de las causas por las que Al Gore pierde la presidencia en manos de George Bush Jr.

Un año atrás, quienes corrían el riesgo de una fuga de votos hacia una tercera opción eran los republicanos, por el crecimiento imparable del movimiento Tea Party y la posibilidad de que ello derivase en una división de su electorado. Pero el involucramiento directo de líderes republicanos en apoyo del movimiento, y su interna presidencial caliente con una amplia oferta de pre-candidatos ultraconservadores, permitió absorber el fenómeno, y fortalecer sus capacidades. El Tea Party, ayer amenazante, terminó revitalizando al Partido Republicano, y las probabilidades de una fuga de votos por derecha a la candidatura del ultraconservador Romney son bajas.

El riesgo 2.0

La presunta amenaza se cierne sobre Obama, y hoy proviene de dos fuentes liberales. Una, es la impredecible evolución del movimiento 2.0 AmericansElect.org. Se trata de una ONG apartidaria y, según ellos declaran, carente de toda ideología, pero contraria al "bipartidismo de Washington". Su board está integrado por ex políticos de ambos grandes partidos, y algunos empresarios. La mayoría de los pre-candidatos que compiten en su web son centristas o de centro-izquierda. AmericansElect.org tiene 2,5 millones de adherentes, ya obtuvo la certificación para inscribir a un candidato presidencial en los principales estados del país, y realiza una compulsa a través de internet con la promesa de postular a quien obtenga la mayor cantidad de apoyos, sin importar su programa o ideología. Los analistas no le han dado demasiada relevancia, salvo Thomas Friedman, el conocido columnista del New York Times, para quien este movimiento de internet puede cambiar el panorama.

Amenaza por derecha

El otro riesgo proviene del hasta ahora poco relevante Partido Libertario, que se presenta regularmente a elecciones y no obtiene más del 1% de los votos. Los libertarios suelen tener las mismas ideas conservadoras y anti-estatistas en lo económico de la mayoría de los republicanos, pero son liberales en lo social. Una diferencia creciente con el mainstream republicano contemporáneo, que está cada vez más influido por la religiosidad evangélica. Hoy, los libertarios postulan a un candidato experimentado, el ex gobernador republicano de Nuevo México, Gary Johnson. Quien apoya, entre otras reformas, el matrimonio homosexual y la legalización de la marihuana.

Pese a su origen republicano, en el contexto de la aversión que el votante medio republicano siente por el gobierno de Obama, Johnson tiene escasas chances de crecer por derecha. En cambio, sí podría obtener una corriente de apoyo por sus posiciones liberales dentro de un electorado que votó a Obama con entusiasmo en 2008 y no está tan convencido de repetir en 2012. Unos pocos puntos pueden ser fatales. Por eso, Obama sale con mayor audacia a defender a su electorado más progresista, aunque le cueste el enojo de algunos pastores evangélicos.